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Los efectos de la marihuana en el cerebro adolescente

El THC interfiere con distintos tipos de programas en el cerebro. Estos incluyen procesos importantes no solo para la memoria, el aprendizaje, la coordinación motora y la toma de decisiones, sino también para el desarrollo y la maduración del cerebro

Parada en el escenario de la conferencia Aspen BrainLab, la doctora Staci Gruber, directora de la Unidad de Neuroimágenes Cognitivas y Clínicas del McLean Hospital en Boston, usó una imagen: la materia blanca, dijo, es como los vagones del “metro de nuestro cerebro”, que conecta las distintas regiones cerebrales para que la comunicación entre ellas sea más rápida y eficiente.

La explicación precedía un dato duro: en los adolescentes que habían comenzado a fumar marihuana antes de los 16 años, la materia blanca estaba mucho menos organizada que en el resto de las personas. El resultado: niños mucho más impulsivos.

Staci Gruber, también profesora adjunta de psiquiatría en la Escuela de Medicina de Harvard, es una de las numerosas investigadoras de Estados Unidos y el resto del mundo que –a través de acuciosos estudios realizados a partir de tests psicológicos, imagenología y pruebas cognitivas, entre otras cosas– se han dedicado a estudiar los efectos de la marihuana sobre el cerebro adolescente. Y en el último tiempo, el peso de esas investigaciones ha sido tal que a comienzos de agosto, la American Psychology Association (APA) dio una señal de alerta, indicando que el consumo de cannabis “puede tener un efecto negativo significativo sobre el cerebro de los adolescentes y jóvenes adultos”.

La noticia surge en tiempos en que numerosos países están registrando un alza en las cifras de consumo de marihuana en los menores de edad y una baja en la percepción de riesgos asociados. A su vez, distintos países han optado por despenalizar la marihuana y otros se están abriendo a discutirlo. En este contexto, lo que dice la ciencia podría ser un aporte al debate.

¿Cuán inocua es realmente la marihuana en los adolescentes? ¿Tiene efectos si se consume solo con moderación? ¿Qué tan graves son esas consecuencias? Las respuestas están llegando: los estudios muestran que, cuando es usada durante la adolescencia, la marihuana puede provocar, entre otros, una disminución del coeficiente intelectual, pérdida de memoria, problemas de atención y mayores riesgos de adicción.

“Hoy tenemos suficiente evidencia como para decir que el uso crónico y/o frecuente de marihuana puede perturbar el desarrollo normal del cerebro y llevar a un daño cognitivo, malos resultados académicos, y otros efectos negativos asociados. Y mientras antes se inicia el consumo, más graves son esas consecuencias”, resume desde Estados Unidos, el doctor Ruben Baler, experto en salud del National Institute on Drug Abuse (NIDA).

Un cerebro inmaduro

Los neurobiólogos saben hoy que el desarrollo del cerebro no se termina con la llegada de la pubertad, como se pensó durante años. Este continúa durante la adolescencia e incluso parte de la adultez. En ese proceso, esa etapa de la vida es crucial.

“Durante la adolescencia se produce un proceso de especialización o refinamiento del cerebro, que conduce a que el área relacionada con el autocontrol y la toma de decisiones –evaluando los riesgos– vaya madurando de forma progresiva”, explica Paula Zomosa Cortés-Monroy, psiquiatra infanto-juvenil de la Unidad de Adolescencia del Centro Nevería, una institución privada especializada en el tratamiento de los problemas adictivos.

Eso significa que durante la infancia el cerebro es más grande y que durante la adolescencia se libera de las conexiones que no usa, lo que permite que se haga más rápido y más eficiente, en un proceso que lleva a desarrollar un mayor pensamiento crítico, a recordar mejor lo que se aprende y a tomar mejores decisiones.

La última parte del cerebro en formarse, indican los expertos, es el córtex frontal, que la doctora Staci Gruber llama el “CEO del cerebro”, porque es el encargado de las funciones ejecutivas. Es la parte que nos permite controlar nuestros impulsos más primitivos y nuestra emocionalidad. Es la que maneja la capacidad de monitorear y cambiar de comportamiento cuando se necesita, de tomar decisiones; es la que se relaciona con el pensamiento abstracto, la adquisición de reglas y la inhibición de conductas inapropiadas.

“Si esa parte del cerebro no está intacta, como ocurre normalmente en los adolescentes en pleno desarrollo, tendremos algunos problemas para inhibir las conductas inadecuadas. Y si entran en juego sustancias de abuso, entonces pasamos a un ámbito completamente distinto”, ha dicho la doctora Gruber.

Lo que los estudios científicos han demostrado en el último tiempo es que las consecuencias del THC (tetrahidrocarbocannabinol), sustancia psicoactiva presente en el cannabis, no solo duran mientras el adolescente experimenta la sensación de relajo y felicidad característica de quienes consumen marihuana, sino que tiene consecuencias a largo plazo.

“El THC de la marihuana interfiere con distintos tipos de programas en el cerebro. Estos incluyen procesos importantes no solo para la memoria, el aprendizaje, la coordinación motora y la toma de decisiones, sino también para el desarrollo y la maduración del cerebro”, explica Baler, del NIDA.

Según los especialistas, uno de los descubrimientos más importantes tiene que ver con la edad de inicio del consumo. Las investigaciones más recientes demuestran que mientras más joven se comienza a fumar, más intensos son los efectos a corto y largo plazo. También indican que mientras más cantidades de cannabis sativa se fuma, peor es para las funciones cognitivas del cerebro.

Es algo que la doctora Gruber comprobó personalmente. Ella lideró un estudio realizado con 46 personas, 23 de las cuales habían empezado a fumar marihuana antes de los 16 años. Lo que descubrió es que estos adolescentes no solo habían fumado 1,5 veces más que las personas que se habían iniciado más tarde al consumo, sino que además habían fumado 2,5 veces más cantidades de cannabis. Todos los “fumadores tempranos” habían respondido deficientemente a los tests de funciones cerebrales ejecutivas.

El efecto nocivo de la marihuana sobre el cerebro en formación ha sido comprobado por otros estudios también. La Universidad de Duke publicó hace dos años un trabajo que se fundó en datos recogidos por el llamado Estudio Multidisciplinario de Salud y Desarrollo de Dunedin en Nueva Zelandia. La investigación siguió a un grupo de más de mil neozelandeses nacidos en 1972 y 1973, desde el nacimiento hasta que cumplieron 38 años, y los sometió a distintas pruebas cognitivas destinadas a determinar qué efectos había tenido el consumo de marihuana sobre ellos.

Esas pruebas medían la memoria, la velocidad de procesamiento, el razonamiento y las capacidades de análisis visual. Las personas que habían usado marihuana de manera regular durante la adolescencia obtuvieron resultados muy inferiores a quienes habían empezado a consumirla después. El estudio también comparó el coeficiente intelectual de los participantes a los 13 y a los 38 años, y registró un deterioro cognitivo de ocho puntos de coeficiente intelectual en quienes habían fumado marihuana durante la adolescencia. Ese descenso en las capacidades mentales, indicaron los expertos, no se recupera así se deje de consumir cannabis.

El córtex frontal no es la única área afectada por el uso de marihuana en los adolescentes. En el 2013, la Escuela de Medicina de la Universidad de Northwestern en Chicago publicó un informe que indicaba que los adolescentes que eran grandes consumidores (es decir, que llevaban unos tres años fumando a diario) presentaban cambios en la estructura de su cerebro en áreas relacionadas con la memoria de trabajo (o sea, la habilidad de recordar y procesar información instantáneamente y de convertirla, si fuera necesario, en memoria a largo plazo).

Mientras más jóvenes eran los individuos cuando habían empezado el uso crónico de marihuana, más anormal era la forma de las regiones cerebrales afectadas. Además, esas alteraciones se mantenían al menos dos años después de que dejaran de fumar.

Un tiempo después, los investigadores de Northwestern, junto con científicos de Harvard, dieron un paso más con una investigación sobre jóvenes de 18 a 25 años que fumaban solo ocasionalmente. En ellos también se podía notar –al observar sus cerebros con resonancias magnéticas– anormalidades en el núcleo accumbens y la amígdala cerebral, dos áreas del cerebro que regulan la emoción y la motivación.

Los investigadores se preocuparon especialmente de escoger a jóvenes –nueve hombres y 11 mujeres– cuyo uso de la marihuana no había demostrado tener consecuencias en su comportamiento: no tenían dificultades en el trabajo, en el colegio, con la ley, en sus relaciones ni tenían problemas de adicción. Sin embargo, al publicar los resultados del estudio, Hans Breiter, profesor de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en Northwestern y coautor de la investigación, destacó que las dos regiones del cerebro afectadas eran las que les permiten a los jóvenes abrirse a nuevos horizontes, ayudándoles a apreciar experiencias nuevas. “Es una parte del cerebro que uno no quisiera tocar nunca, pero estas son fundamentales porque son las que nos permiten determinar qué nos da placer en el mundo y compararlo con las cosas malas”, dice Breiter.

Riesgo de adicción

El uso de marihuana a edad temprana también incrementa el riesgo de adicción. Paula Zomosa, del Centro Nevería, explica que la marihuana también altera la corteza prefrontal que afecta la función de control que tiene esa área del cerebro sobre las regiones relacionadas con la gratificación, la recompensa y la búsqueda de placer.

“Nuestro cerebro está programado para alentar conductas sanas y que promuevan la supervivencia, a través del aumento de la dopamina. Reforzantes cotidianos durante la adolescencia como compartir con amigos, escuchar música o practicar deportes producen un aumento de este químico –explica–.Lamentablemente las drogas tienen el potencial de desviar este proceso, produciendo niveles extremadamente altos de dopamina en el circuito de la motivación. Esto produce un fuerte estímulo a repetir la experiencia del consumo de drogas. El cerebro adolescente no tiene maduro el mecanismo de control de ese circuito”.

A pesar de estos avances en investigación, los neurobiólogos y psiquiatras dedicados a estudiar los efectos de la marihuana en el cerebro enfatizan que falta saber más. Uno de los elementos a investigar tiene que ver con las nuevas consecuencias que podría traer el hecho de que la marihuana actual tiene niveles mucho más altos de THC que la que se consumía hace 20 años. Además, fuera del estudio de seguimiento a los neozelandeses de Dunedin, no existen estudios hechos sobre poblaciones importantes, lo que lleva a muchos científicos a calificar sus trabajos de preliminares.


DANIELA MOHOR Y MARÍA CRISTINA JURADO
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